Yaacov Naor y Hilde Goett

Resumen

Yacoov Naor y Hilde Goett describen en “Afrontando el Holocausto a través del Psicodrama, Sociodrama y Rituales” un proyecto continuado de talleres realizados con descendientes de la segunda y tercera generación de supervivientes y perpetradores del holocausto.

Examinan la transmisión transgeneracional del trauma e identifican semejanzas y diferencias entre los descendientes de las víctimas y de los perpetradores, así como de aquellos con orígenes mixtos.

Exponen como usan el psicodrama, el  sociodrama y los rituales para producir el encuentro, el diálogo y el comienzo de la curación.

Palabras clave

Diálogo, encuentro, generacional, curación, Holocausto, perpetrador, psicodrama, reconcialición, ritual, sociodrama, superviviente, trauma transgeneracional, víctima, caldeamiento, taller.

Introducción

Desde 1995 los autores se han comprometido en un proyecto especial de talleres psicodramáticos, “Afrontando el Holocausto a través del Psicodrama, Sociodrama y  Rituales”, diseñados para descendientes del Holocausto, de la segunda y tercera generación de supervivientes y perpetradores.

El propósito es ayudar a los participantes a que reconozcan y entiendan las implicaciones morales, sociales y personales del Holocausto.

El hecho de que como directores psicodramáticos provengan de bandos opuestos del Holocausto es especial y único; aportan con ellos la historia y el legado de sus familias.

Yacoov Naor es hijo de dos supervivientes del Holocausto, nació en 1948 en un campo de desplazados en el sur de Alemania y con un año de edad se trasladó con sus padres a Israel.

Hilde Goett nació en Rumanía en 1953, su familia era parte de la minoría alemana del país. Ella creció en la confusión, por un lado sus dos abuelos sirvieron en el ejército nazi, por lo que era discriminada al ser hija de fascistas, por el otro lado su abuela fue deportada a Siberia por el régimen comunista. A los veinte años su trasladó con su familia a Alemania.

Ambos empezaron a co-liderar grupos de psicodrama y se dieron cuenta de que compartían los mismos objetivos y motivaciones; enseñar a la gente a escuchar la historia del Holocausto, y dar espacio a las diferencias y al respeto del otro.

Mientras trabajaban juntos se volvieron más próximos, sus familias se conocieron y lentamente se convirtieron en buenos amigos; gracias a que convinieron en que su  propósito en los talleres no era alcanzar la reconciliación, sino enseñar a alemanes, judíos y otros participantes a compartir los contenidos personales y establecer un diálogo entre todos.

La transmisión del trauma transgeneracional

El interés profesional en el concepto del trauma transgeneracional, el paso de secuelas traumáticas de generación en generación, ha ido creciendo en los últimos 20 años y actualmente se encuentra bien consolidado. Esto se ha debido a que las investigaciones en psicoterapia han hallado que la segunda generación de supervivientes del Holocausto expresa la misma clase de problemas emocionales y una intensidad de sufrimiento semejante a la de los propios supervivientes del Holocausto.

Jürgen Muller-Hohagen, que durante muchos años realizó su trabajo como psicoterapeuta, publicó en 1994 sus interpretaciones sobre como la era transmisión del trauma. Frecuentemente el trastorno ocasionado por la exposición a un evento de guerra cumple el criterio diagnóstico del Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), aunque la persona no haya tenido contacto alguno con la guerra.

Los profundos sentimientos de vergüenza y culpa dificultan un debate constructivo sobre la transmisión transgeneracional del trauma del perpetrador. Hasta donde se sabes nunca se ha llevado a cabo una investigación en Alemania. La identificación con el poder, el ocultamiento y la redefinición de los perpetradores como víctimas, son algunas de las características que se transmiten dentro de las familias de los perpetradores.

Si queremos detener la herencia del trauma transgeneracional debemos encontrar una forma accesible y adecuada de tratar y procesar el trauma causado por el  Holocausto.

Gabriel Rosenthal (1998) ha investigado la transmisión del trauma transgeneracional en supervivientes y perpetradores del periodo nazi; Sus hallazgos han tenido una fuerte influencia en el trabajo de los autores.

Rosenthal se pregunta por cómo se forma el dialogo y cómo influye el pasado en el presente de las familias de los dos bandos; demuestra como el estilo de vida familiar en general, las expectativas diarias de los miembros de la familia, los sentimientos de seguridad, pertenencia y aprobación,  provienen de las experiencias familiares del Holocausto.

Al comparar los problemas de los descendientes de las victimas y de los perpetradores identifica semejanzas y diferencias; una de las semejanzas que estos grupos comparten es el silencio, pero con motivaciones son diferentes. En las familias de los perpetradores es principalmente el miedo a la persecución, condena, acoso y denuncia lo que lleva al silencio sobre el Holocausto.

En las familias de supervivientes es la tristeza sentida por los familiares asesinados, la vergüenza de una humillación tan extrema y el deseo de proteger a los descendientes de la sombra de estos acontecimientos brutales.

Otra semejanza compartida son las terribles consecuencias de los secretos de familia, que en los sistemas familiares se oponen a una reflexión sobre el pasado; esto se refleja en las fantasías de los descendientes, que ellos expresan de muchas maneras. Los descendientes de las victimas plantean preguntas sobre la culpa de sobrevivir, como ¿Qué hacían los supervivientes para lograr sobrevivir?, mientras que los descendientes de los perpetradores hacen preguntas que insinúan culpa, como ¿Qué hubiera hecho en la misma situación?.

El escenario de los talleres

Los talleres “Afrontando el Holocausto a través del Psicodrama, Sociodrama y Rituales” abarcan una serie de seminarios psicodramáticos de fin de semana en un ciclo de dos a tres años en El Centro para el Encuentro-Educativo (The Educational-Encounter Center) en Oswiecim, incluyendo visitas a los monumentos conmemorativos de Auschwitz y Birkenau; en Birkenau se realizan experiencias rituales creadas por los participantes del grupo. Este escenario ofrece tiempo y espacio para el análisis y el debate y son adecuados para grupos pequeños de 15 a 25 participantes.

También se ofrecen talleres en conferencias y congresos de tres horas para proporcionar un ejemplo de nuestro trabajo: desde 30 a 80 participantes pueden debatir y confrontar las consecuencias del Holocausto en el momento presente. En estas conferencias y congresos se suele trabajar con profesionales y psicodramatistas familiarizados con la teoría de roles y las técnicas psicodramáticas. Las edades de los participantes oscilan entre los 22 y los 78 años.

Los participantes: supervivientes y perpetradores

Los participantes judíos que acuden a nuestros talleres tienen alguna idea sobre el destino de los miembros de su familia durante la Segunda Guerra Mundial, tienen un conocimiento concreto de lo que sucedió o conservan recuerdos que les afligen. Ellos lloran la pérdida de sus familiares asesinados, de su integridad familiar y de su red social, y sienten indignación hacia los perpetradores que los han cargado con esta pena  interminable; desean llegar a una comprensión de su pena, su llanto y su  desesperación que parecen no tener fin.

Los participantes de las familias de perpetradores expresan sentimientos diferentes, a menudo desean negar su historia familiar, combaten sus sentimientos de culpa y vergüenza y tienen dificultades para diferenciar entre su culpa personal y la colectiva. Buscan una mejor comprensión de ellos mismos y sus familias y quieren liberarse de su identificación como perpetradores. Muchos han crecido en un permanente estado de miedo a la venganza y quieren abordarlo, también buscan ayuda para aceptar el cariño que sienten por su madre o padre perpetrador. Algunos también esperan la expiación o incluso el perdón.

Otros participantes provienen de familias mixtas que comparten experiencias de ambos, víctimas y perpetradores, por ejemplo: cristianos bautizados de procedencia  parcialmente judía y personas de familias que han experimentado persecución por razones políticas, religiosas o de orientación sexual. Estos participantes están siempre angustiados sobre su identidad y afiliación.

Los participantes de los talleres, al igual que tienen sus diferencias, también tienen sus puntos en común y estas semejanzas son exploradas en los seminarios, sin ser generalizadas como experiencias equivalentes o idénticas. El silencio del Holocausto es muy pesado, todos sienten la necesidad de descifrarlo, se sienten profundamente involucrados como individuos y como miembros de familia; y también desde el respeto al otro bando.

Además los participantes son vistos como traidores por sus familias ya que traicionan el tabú del silencio y persiguen un análisis y un debate abierto; confrontan con sus familias los conflictos pasados y por tanto son vistos como peligrosos por otros miembros de la familia, se convierten en los chivos expiatorios de la familia siendo considerados los causantes de accidentes y catástrofes.

Diana Wardi (1992), una psicoanalista de Jerusalén, describe a los chivos expiatorios de las familias judías como “velas conmemorativas” que crean subjetividad en torno al holocausto y mantienen el duelo por los que perecieron.

En las familias de los perpetradores y en las familias mixtas, quienes confrontan con  sus familias su pasado nazi también son castigados y excluidos por romper el pacto de silencio; cargan con el miedo, la vergüenza, la culpa y la responsabilidad de los pecados de la familia, de la comunidad y del mundo.

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Los grupos están hechos de chivos expiatorios de todas las partes del conflicto, de victimas, perpetradores y familias mixtas.

El trabajo: del encuentro al diálogo y de ahí a la curación

El trabajo está basado en el concepto del encuentro de Moreno, que abre las puertas al diálogo. Las actividades incluyen psicodrama, sociodrama, rituales, creaciones artísticas y actividades que construyen conciencia, confianza, empatía y aceptación.

Se trata de entablar valiosos, profundos y personales debates en el escenario psicodramático para encontrar un lenguaje y ser conscientes de diferentes verdades con el fin de superar las consecuencias de los traumas colectivos durante el período nazi.

Se parte de la doble premisa de que el haber experimentado el uso de la fuerza y de la  violencia queda internalizado y de que el trauma queda inmóvil en el cuerpo, y es sentido físicamente.

Como psicodramatistas y defensores de un método orientado hacia la acción, los autores establecen que se produce un efecto perdurable cuando el debate activo sobre un tema es profundamente vivido e impregna el proceso del pensamiento abriendo nuevos horizontes y revelando los problemas. Esto significa que durante el trabajo el cuerpo debe estar involucrado y motivado.

Caldeamiento

Los ejercicios corporales y de encuentro, que son parte del caldeamiento, comienzan a hacer esto posible, además de ayudar a establecer un contacto real entre los participantes del grupo.

Se utilizan una extensa gama de ejercicios para pequeños grupos con y sin música que están centrados en el cuerpo y en los sentidos. Algunos ejercicios están diseñados para que los participantes se diviertan juntos, para que se reflejen los unos en los otros y construyan solidaridad, mientras que otros sirven para que sumen sus fuerzas para excluir y deshacer grupos.

A través de este trabajo se activan las emociones e instintos de sus vidas reales, y los participantes -victima, perseguidor y familia mixta- son capaces de encontrarse y experimentar con el otro. Esto ayuda a crear una atmósfera de atención y apertura para tratar con sensibilidad el contenido del asunto.

Psicodrama y Sociodrama

Por regla general en los talleres, los participantes no han experimentado personalmente

o directamente los traumas del período nazi; no son supervivientes de la Shoa o el Holocausto y no son perpetradores nazis, pero son sus hijos, nietos y familiares.

Trabajar el trauma transgeneracional, permite que las verdades subjetivas de los respectivos bandos sean representadas en el escenario psicodramático con toda la pena, lamento, vergüenza, desesperación, horror, rabia y culpa que esto implica. De esta manera se construyen puentes que conectan a los participantes con las historias familiares de los bandos opuestos.

A través del sociodrama se explora la historia de la Segunda Guerra Mundial, se investigan los elementos que causaron tanta violencia, dolor y destrucción en Europa y que condujeron al mundo a cambios tan radicales; se consideran las consecuencias para los diferentes sectores de la población que participaron del conflicto.

El objetivo es facilitar el encuentro entre descendientes de victimas y perpetradores y así establecer un diálogo que afronte la carga del trauma proveniente de las generaciones anteriores.

Rituales

La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto son una historia de crueldad, dolor y sufrimiento que dejó cicatrices en ambos bandos, tanto en las víctimas como en los perseguidores. Las huellas todavía permanecen en el presente; es un proceso de larga duración. No importa cuan productivos sean los talleres creando el diálogo, facilitando el encuentro y la curación; las palabras no pueden expresar adecuada y totalmente las reacciones de los participantes ante el Holocausto. La experiencia fenomenológica y la expresión son necesarias; de esta manera, mientras que en Auschwitz se trabaja psicodramáticamente en el escenario, también se incluye un proceso individual de creación ritual en el Campo de Exterminio de Birkenau.

Una de las experiencias más difíciles para los supervidentes del Holocausto y sus descendientes ha sido la ausencia de una tumba real donde llorar a los muertos.

Los rituales son parte integral de los acontecimientos sociodramáticos y  psicodramáticos, porque proporcionan concreciones simbólicas, crean una nueva oportunidad para enterrar a los muertos; y ofrecen significado y una forma de cerrar los sucesos del pasado. Pueden tomar la forma de servicios religiosos, ceremonias conmemorativas, entierros, lecturas de poemas, cantos al lado de una tumba imaginaria; algunas se convierten en representaciones teatrales que incluyen movimiento y cantos. Todas las experiencias son respaldadas por el grupo entero, por la colectividad que es requerida para sostener y contener en esos momentos.

El ritual como forma individual del compartir psicodramático y sociodramático es un acto terapéutico, permite a los participantes confrontar de forma singular el Holocausto, sin juicio ni culpa. Precisa del uso de la imaginación y la creatividad y da voz, escenario y forma a emociones que no se habían expresado claramente antes. Crea una perspectiva, un espacio luminoso, un plus de realidad que existe simultáneamente en el pasado y el presente, conectando el mundo interno y externo del participante. Conduce a la catarsis, al cambio y al sentido de integración; algunas experiencias rituales se han convertido para sus creadores en la mejor y más profunda manera de afrontar el Holocausto.

Aquí hay algunos ejemplos:

                        . Caminar descalzo por las vías del tren que conducen al crematorio principal;

                        . Lanzar gritando y llorando botellas de cristal al muro de los barracones de mujeres;

                        . Escuchar la tranquila música de la harmónica dentro de un barracón;

                        . Leer el poema “Fuga de la muerte” de Paul Celan;

                        . Compartir en círculo pan duro y comerlo muy lentamente;

                        . Participar en una ensoñadora ceremonia de entierro de una mujer joven.

Estas ceremonias rituales también permiten compartir simultáneamente lo personal y lo interpersonal; siendo así terapéuticas para el grupo entero. Se centran en expresiones de fuertes emociones como la ira, rabia, culpa, miedo, ansiedad, vergüenza, desamparo, desesperanza, humillación y de esta manera son formas de reconocimiento del sufrimiento del otro bando. Se crea un equilibrio entre el individuo y el grupo, una forma de curación psico-social; fortaleciendo los vínculos entre los individuos, el grupo y la comunidad.

Hacia la curación y la reconciliación.

En estos talleres los participantes exploran las diferentes maneras en que los roles de  perpetrador y víctima son interiorizados en los individuos y en la sociedad; exploran espontánea, expresiva y creativamente los caminos para tratar la relación de agresor y víctima, y son alentados a encontrarse con el “otro bando”.

El trabajo activo a través del cuerpo permite una apertura segura e inmediata del mundo emocional interno y un encuentro con la verdad interior. Los participantes comparten sus experiencias, recuerdos, fantasías y sentimientos dando voz a su sufrimiento, así se proporciona una oportunidad para luchar contra el anonimato rompiendo con las prácticas de silencio social y familiar. Los participantes cuentan y actúan sus historias y como resultado aprenden a hacer frente a sus historias sobre el Holocausto.

El trabajo psicodramático, sociodramático y ritual ayuda a los participantes a moverse desde sus proyecciones, generalizaciones, prejuicios, ideas preconcebidas e ilusiones hacia el proceso de aprendizaje. Los participantes aprenden a centrarse, responsabilizarse, y encontrarse cara a cara con el reconocimiento, la empatía, el respeto y la aceptación.

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Estos encuentros entre segunda y tercera generación de agresores y supervivientes del Holocausto son a menudo emotivos y dolorosos y a veces imposibles. Estos valientes se aventuran a encontrar y confrontar al otro bando, trabajándolo frente al resto del grupo. Dado que el trabajo facilita experiencias intensas de los participantes, se es consciente del peligro de crear falsos cierres que conduzcan a perdones prematuros.

No se pretende llegar a la reconciliación, pero a veces sucede natural y espontáneamente, en un proceso paulatino, largo y lento. A través del trabajo y las experiencias rituales, los participantes se unen y experimentan esperanza y sentimiento de pertenencia y liberación de la experiencia de sentirse solos, anónimos y abrumados por la enormidad del Holocausto.

Reflexiones

Los descendientes del Holocausto, víctimas y perpetradores, tienen igual derecho a representar sus sufrimientos en el escenario psicodramático y a reflexionar sobre estos en el contexto de su historia real, aunque esto no significa que el sufrimiento de los dos bandos sea enfocado análogamente. Para los autores es mucho más importante encontrar una forma de expresión que pueda ser expuesta en un lenguaje común y que se oponga directamente a las experiencias de ese pasado.

Como directores de psicodrama de bandos opuestos del Holocausto, los autores han mirado en su historia y han creado con éxito un lugar seguro para manifestar dolor, para crear confianza y para desarrollar un sentimiento de pertenencia. Buscando que los participantes acepten al grupo desde el bando opuesto, que intercambien el miedo, odio y prejuicio por un encuentro real y un diálogo genuino donde las heridas puedan ser sentidas, lloradas y luego curadas.

Para los autores, la magnitud de la destrucción causada por el poder nazi se hace más completa y la pérdida del pueblo judío y de su cultura resulta más perceptible. En los 15 años de trabajo conjunto, han desarrollado sistemas de encuentro y diálogo repletos de aceptación, respeto, reconocimiento y amor mutuo.

En los veranos de 2008 y 2010 se realizó una nueva semana del Seminario Internacional de Psicodrama en Cracovia y Auschwitz para participantes de muchos países, llamado “Las huellas del Holocausto en el presente”. Debido al éxito y lo significativo de esta experiencia, se planea ofrecer de nuevo este formato en el futuro.

“Afrontando el Holocausto a través del psicodrama, sociodrama y rituales” es una experiencia dolorosa y purificadora  para ambos bandos, y frecuentemente conlleva la decisión de vivir un futuro honorable y digno. Todos somos ahora responsables de garantizar que esta historia no se repita de nuevo.

Entender que el dolor se ha convertido en una parte esencial de la vida de una persona puede conducir a una resolución firme para no volver a causar un daño semejante y emprender una relación respetuosa con los demás.

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