http://www.noticiasdenavarra.com/2015/01/21/opinion/tribunas/terrorismo-de-charlie-hebdo-vamos-a-ir-a-la-raiz

Me indigné , me dolió y me duele la muerte de dibujantes creativos, gente que usa el humor para darse y darnos un minuto de felicidad, de alegría. Arrancar una vida es un pecado que tal vez no se perdona nunca en el corazón de quienes lo cometen. Dudo de que quien ha matado pueda llegar a ser el mismo tras ello. Quitar una vida…¿somos dioses para decidir eso? No, nunca nadie, ni con el consenso de un país para instaurar la pena de muerte.

Pocos días después, en una conversaciónón con compañeros, alguien habló de las diferencias culturales y de lo ofensivo que puede ser para otra cultura con valores que, desde la nuestra, consideramos tradicionales y hasta trasnochados. Me hizo pensar. Una cultura que tradicionalmente ha prohibido la representación de la figura humana, la representación de la imagen de sus seres sagrados, los ve representados y ridiculizados. Quería irme a entender cómo se siente desde esa posición. Quería practicar lo que considero como único elemento clave en mi trabajo: la empatía. Para ponerme en el lugar de los musulmanes, me tuve que ir a mis padres y a como ellos consideraban a Dios y a lo sagrado. Y, puestos a tirar de la cuerda, de la misma hilada me salen los requetés de nuestra Guerra Civil, que lucharon a muerte por lo que ellos consideraban sagrado.

Dicen que la humillación social está en la raíz de todas las violencias y guerras. El terrorismo de ETA surgió como una consecuencia de la humillación de un pueblo, de una identidad. El proceso es el siguiente: hay una cultura humillada, una rabia social, tal vez un sentimiento de inferioridad inconsciente complementario del sentimiento de superioridad del que está “en el machito” (en la posición de arriba, de poder, de prestigio. Expresión antigua en honor a mi padre que la usaba). Aparece una necesidad colectiva por parte de los humillados de corregir eso. De manera simultánea o tras años o generaciones con esa necesidad, aparece a un grupúsculo al que “se le va la pinza” y empiezan a matar. Muchos musulmanes, muchos vascos, han y hemos rechazado ese terrorismo. Pero…Pero ocurre que esas puntas del iceberg están dando respuesta a necesidades a veces inconscientes de colectivos sociales humillados Es el apoyo silencioso que suponía en el tema vasco el decir en la cocina de casa, por parte de la amá: “algo habrán hecho”, cuando asesinaban a un guardia civil.

Desde occidente, en nuestras cocinas, ridiculizamos los valores tradicionales musulmanes, no valoramos las crisis internas que viven sus grupos son instituciones al confrontarse con la cultura occidental, nos erigimos en jueces universales acerca de los valores. No nos ponemos a ver como se sienten con unos valores que sabemos, la historia y la evoluciónón cultural va a terminar. Como terminó con la, al menos anacrónica, dictadura franquista, y como terminará con las coronas reales que nacieron como delegadas del poder de Dios.

“Sus valores son incompatibles con los nuestros”, reza una frase del filósofo francés Yves Michaud (El País, 18-1-2015). Ese es nuestro problema, no solo su problema. Tenemos que hacer compatibles ambos códigos de valores: Tenemos que empatizar con esa forma de creer y no ridiculizarla.

En resumen tenemos que revertir todo el sentimiento de humillación que pueda haber en las diferentes culturas para estas no hagan necesario el terrorismo. Estamos viendo como el terrorismo en París ha sacado a la luz una necesidad de violencia y venganza en Niger, saltamos a África. La estructura social y cultural tenía algo que arreglar que ahora ha explotado. Ya en África, recordemos lo que hizo Francia en la colonia en Argelia. Sé que los pueblos humillados guardan a través de las generaciones las tareas de vengarlas. No sé como se ha procesado en Francia ese tipo de cuestiones pero yo estaría atento a si allí hay sentimientos humillados por parte de los inmigrantes musulmanes argelinos, sentimientos de culpa en los franceses, etc.

Como decía al principio, estaba yo elaborando esa cuestión que se había comentado acerca de la ofensa que pudo ser para los musulmanes ese tipo de caricaturas y echando en falta que eso no se expresara en los medios de comunicación o por parte de los líderes mundiales. Fue el Papa y con la posible espontaneidad de hacerlo desde un avión, quien lo soltó. Me encantó, pero no tanto como si lo hubiera hecho una figura que no tuviera su iglesia. Pudiera parecer que lo hacía para proteger su casa. Encantado de todos modos de que se hable lo que pudiera parecer peligroso decir.

De mi experiencia de trabajar con grupos, sé que para resolver los conflictos hay que airearlos y no ponerlos bajo la alfombra. Los políticos adoptan posiciones simples generan mensajes simples para que los medios aireen mensajes simples fáciles de vender y cómodos de escuchar por todos nosotros. La realidad es mucho más compleja y necesitamos líderes que no tengan miedo a junto a la condena de la asesinatos, pedir autocrítica para cómo vivimos a los musulmanes, lo culturalmente superiores que nos sentimos, el esfuerzo que debemos hacer para quitarnos los estereotipos que tenemos de ellos por aquí. Todo eso sin que nos coma el miedo de que con ello, los violentos nos van a ganar la partida.

Una anécdota personal. Hace un año estaba yo rellenando la hoja de salida con mi pasaporte en el aeropuerto de El Cairo. Se me acercó un hombre árabe (como casi todos allí) de mediana edad con gorro y barbas. Inmediatamente me llevó a los afganos que se ven en los documentales acerca de los americanos en Afganistán, luchando contra los terroristas. Yo instintivamente me asusté un poco pero mantuve el tipo: no me moví. Yo no hablaba árabe, ni él inglés, así que traté de entender que quería decirme al acercarme su hoja para rellenar y una libreta que resultó ser el pasaporte. Me pedía que yo le rellenará el documento. Me dolió tener que decirle por señas que no sabía árabe y no le podía ayudar. Muchas veces me ha dolido no saber árabe. La primera fue cuando con 24 años en la medina de Tetuán descubrí que existía un mundo tan cerca y tan diferente como yo no podía haber imaginado: los hombres iban de la mano y sus miradas eran muy directas. La última ya la sabéis.

Tenemos mucho trabajo que hacer para de verdad arreglar este problema, más allá de las medidas policiales necesarias, para parar los asesinatos. Yo ya he empezado por tener amigos en Egipto y pedirles que hablen y nos ayuden conocerlos.

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Comentarios en: "El terrorismo de Charlie Hebdo: ¿vamos a ir a la raíz?" (1)

  1. […] El terrorismo de Charlie Hebdo: ¿vamos a ir a la raíz? […]

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